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01 de marzo de 2010
18.00, 20.15 y 22.30 horas. Panorama de actualidad 2010
Singularidades de una chica rubia (Singularidades de uma rapariga loura)
Manoel de Oliveira. Portugal, Francia y España. 2009. 64'. VOSE
Dirección: Manoel de Oliveira. Guión: Manoel de Oliveira; basado en un relato de Eça de Queiroz. Producción: François d’Artemare, Maria João Mayer y Luis Miñarro. Fotografía: Sabine Lancelin. Montaje: Catherine Krassovsky y Manoel de Oliveira. Interpretación: Ricardo Trêpa (Macario), Catarina Wallenstein (Luisa), Diogo Dória (Francisco), Júlia Buisel (doña Vilaça), Leonor Silveira, Maria-João Pires, Maria Burmester, Luís Miguel Cintra, Glória de Matos, Filipe Vargas.
SINOPSIS
A los pocos días de empezar a trabajar como contable en la empresa de su tío, Macario se enamora locamente de una chica rubia que vive en el edificio de enfrente. Nada más conocerla quiere casarse con ella. Su tío se opone firmemente a esa unión y, al no poder hacerle cambiar de parecer, le despide y le echa de su casa. En la calle y sin trabajo, Macario se ve obligado a aceptar un trabajo en Cabo Verde, donde consigue hacer fortuna. Cuando finalmente consigue la aprobación de su tío para casarse, Macario descubre las “singularidades” de su prometida.
La obsesión amorosa atraviesa buena parte de la filmografía de Manoel de Oliveira, desde Francisca hasta Belle Toujours. Algo de buñueliano hay en la atracción que un discreto contable (Ricardo Trêpa) siente al ver a una chica rubia desde su ventana. Se enamora, en realidad, de una imagen: el cineasta portugués encierra a Luisa (Catarina Wallenstein) en su propia ventana, como si se tratara de un cuadro animado. La pintura se asocia entonces con el relato oral –Macario explica su historia a su anónima compañera de viaje (Leonor Silveira) en el transcurso de un viaje en tren– y con la literatura –Oliveira se inspira en un cuento de Eça de Queirós–. Hablábamos de Luis Buñuel porque esta hermosa miniatura sobre el amour fou tiene afectos fetichistas (un abanico chino), detalles inquietantes (la tierra se traga una ficha de póker) y un sorprendente anacronismo (aunque se desarrolla en el presente, los hábitos sociales a los que están sometidos los personajes son, como mínimo, de finales del siglo XIX). Los obstáculos con que Macario se topa para lograr su objeto de deseo –el dinero como maldición a través de los tiempos– culminan en un fracaso que Oliveira resume en un plano demoledor: el de una mujer derrotada, que ha perdido los límites y la distancia que la habían transformado en un ideal marmóreo. Sergi Sánchez, La Razón
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